En verdad os digo: ante esa damisela sacrílega del Cardenal Gianfranco Ravasi la diseñadora Donatella Versace aparece como un auténtico monumento a la virilidad masculina

— Misterios dolorosos de la Iglesia —

EN VERDAD OS DIGO: ANTE ESA DAMISELA SACRÍLEGA DEL CARDENAL GIANFRANCO RAVASI LA DISEÑADORA DONATELLA VERSACE APARECE COMO UN AUTENTICO MONUMENTO A LA VIRILIDAD MASCULINA

Se podría tentar una defensa afirmando que también los heterosexuales son narcisistas, vanidosos y exhibicionistas como lo es el Cardenal Gianfranco Ravasi. Esto es verdad, pero como cualquier experto en las ciencias psicológicas puede explicar, se trata de dos modos completamente diferentes de manifestar el narcisismo, la vanidad y el exhibicionismo. De hecho, es a partir de los diferentes modos de expresar estos tres atributos que se reconoce más que nunca la personalidad del homosexual y la del heterosexual.

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Autor
Ariel S. Levi di Gualdo

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Por mucho menos, Jesucristo golpeó con el látigo a los mercaderes en el patio interior del Templo de Jerusalén. ¿Qué hubiera pasado si hubiera visto a las actrices de la antigua Judea vestidas con las insignias del Sumo Sacerdote?

En primer lugar una debida premisa: si la Autoridad Eclesiástica decide hacerme objeto de una débil admonición, deseo recordar que para hacerlo legítimamente y en conformidad con el derecho canónico, debe ante todo declarar la legitimidad y la plena oportunidad del actuar del Cardenal Gianfranco Ravasi, quien en la sacrílega muestra «Cuerpos celestiales: La moda y la imaginación católica», [cf. AQUÍ,y AQUÍ] celebrada en Nueva York, exhibió paramentos sagrados tomados de las sacristías históricas de la Ciudad del Vaticano que pertenecieron y fueron usados por los Sumos Pontífices. Paramentos que terminaron en una pasarela de mujeres que los desfilaron medio desnudas con mitras episcopales sobre la cabeza y, símbolos valiosos para la fe católica, colocados con realce en las partes más inapropiadas del cuerpo que eran más descubiertas que cubiertas.

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La diseñadora Donatella Versace posa junto a la triara del Beato Pontífice Pio IX

Ciertamente no es mi intención rechazar eventuales admoniciones de la legítima autoridad eclesiástica, a la cual antes de recibir el Sacramento del Orden he prometido libremente a una edad más que madura, filial y devota obediencia. Sin embargo, puesto que el objeto de mi crítica es el comportamiento públicamente imprudente de un Cardenal. Es oportuno aclarar, que yo puedo ser amonestado y sucesivamente condenado,sólo después de que la Autoridad Eclesiástica en primer lugar haya declarado legítimo y conforme a la mejor tutela de la dignidad y de la santidad de la Santa Iglesia Romana, el actuar del cardenal Gianfranco Ravasi. Demostrando y motivando que quien cayó en el error fui yo por haberlo criticado con dureza proporcional a cuanto de gravemente hizo. Si primeramente no viene aclarado esto, cualquier admonición ― o peor aún eventual condena ―, caería bajo la invalidez que la inhabilita, por no cumplir con las disposiciones de las leyes eclesiásticas. [lata. 1339-1340, lata. 1341-1353, lata. 1720-1728].

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Desfile …

Comencemos de un hecho: el Cardenal Gianfranco Ravasi se revela impulsado por una psicología homosexual. Esto no quiere decir ― sea claro ― que haya practicado la homosexualidad, algo que no podemos saber y ni mucho menos afirmar; porque esto en conciencia sólo lo puede saber él. A mayor razón, él pertenece a la categoría de homosexuales que en general son peores: los homosexuales reprimidos. Aquellos que se han acostumbrado a desahogar los impulsos de la libido de forma diversa, y en modo peor. De hecho, un eclesiástico animado por una psicología estructuralmente homosexual, tarde o temprano, termina por profanar La misma fe, especialmente después de haberse posicionado en lo más alto de la escala jerárquica y, cayendo al final en la megalomanía que lo lleva a pensar de ser un intocable a quien todo se concede. Y en la psicología del homosexual eclesiástico más o menos reprimido, según los diferentes casos, los tres elementos que emergen son el narcisismo, la vanidad y el exhibicionismo ostentoso y sin restricciones.

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Pregunta: Quién, entre nuestras Autoridades eclesiásticas en presencia de un equipo de especialistas en psicología clínica, sería capaz de afirmar con plena y científica certeza que Gianfranco Ravassi no es narcisista, no es vanidoso y no es exhibicionista?

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“devota” representación

Se podría tentar una defensa afirmando que también los heterosexuales son narcisistas, vanidosos y exhibicionistas como lo es el Cardenal Gianfranco Ravasi. Esto es verdad, pero como cualquier experto en las ciencias psicológicas puede explicar se trata de dos modos completamente diferentes de manifestar el narcisismo, la vanidad y el exhibicionismo. De hecho, es a partir de los diferentes modos de expresar estos tres atributos que se reconoce más que nunca la personalidad del homosexual y la del heterosexual.

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Hoy en día va de moda la limpieza de los archivos episcopales, de los de las nunciaturas apostólicas y de los de la Santa Sede. Por lo tanto, si todavía a Milán no han hecho limpiado en estos años con el fin de eliminar uno de los muchos “antecedentes penales”, debería existir no obstante un dosier en el que el entonces Arzobispo en cátedra, Cardenal Carlo María Martini, bloqueó el nombramiento episcopal de Gianfranco Ravasi, rostro ya conocido al público por sus programas de televisión. A poner un decisivo veto sobre este nombramiento episcopal también fue otro miembro del Colegio de Cardenales: el Cardenal Attilio Nicora, Quien de Gianfranco Ravasi, ordenado sacerdote en el 1966, fue compañero en el Seminario de Venegono, y de este seminario sería más tarde rector en el 1970. Sucesivamente un tercer Cardenal, el sucesor de Carlo María Martini en la Cátedra de San Ambrosio, Dionigi Tettamanzi, bloqueó por segunda vez este nombramiento [ver la crónica jamás negada AQUÍ y AQUÍ]

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La saga de lo grotesco

Hago notar que el cardenal Carlo María Martini, de cuya teología y eclesiología se puede discutir mucho, era un hombre de profunda virilidad. Tanto es así que en esta figura sin duda bella y hierática, lo primero que llamaba precisamente la atención era su virilidad, después de su estructura humana viril, se percibía la del religioso jesuita, la del presbítero y la del obispo que se había construido encima. Y diciendo “No” a la hipótesis de que Gianfranco Ravasi fuera promovido obispo, el Cardenal Carlo Maria Martini sabía bien lo que hacía, aunque si por la modestia eclesiástica las motivaciones de ciertos “No”, nunca se desarrollan sino lo justo. El hecho es que tres cardenales, dos de los cuales Ordinarios Diocesanos del entonces presbítero ambrosiano Gianfranco Ravasi; y un tercero quien fue su ex compañero de seminario, se opusieron en modo decidido a su nombramiento episcopal, blocándolo dos veces. Y de todo esto ― excepto desaparición del dosier ―, permanecería evidencia de esto sea en los archivos del arzobispado de Milán, sea en el archivo de la Congregación para los Obispos.

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Desfile …

El cardenal Gianfranco Ravasi encarna esa devastadora homosexualidad difusa como epidemia dentro de la Iglesia, la cual toca finalmente el ápice con la inevitable profanación en extraer de las sacristías monumentales de la Ciudad del Vaticano los paramentos sagrados que pertenecían a diferentes Venerables Sumos Pontífices”; para llevarlos como accesorios coreográficos en un ofensivo desfile de moda, por modelos en balanceo de cadera y con los senos al viento usando insignias episcopales.

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la corona de espinas de Nuestro Señor Jesucristo reducida a una gargantilla bajo la cabeza de una figura andrógina

Los paramentos sagrados pertenecen a lo que son así llamados “accidentes externos” y se llaman paramentos sagrados porque vienen usados en la celebración del Santo Misterio del Sacrificio Eucarístico. Estos paramentos, como el Cardenal Gianfranco Ravasi debería saber, fueron bendecidos con las bendiciones especiales proporcionadas por el libro para las Bendiciones. Cada vez que venian usados, junto a cada pieza se recitaba una oración especial. Igualmente, como hoy en día lo hace el firmante de este artículo cuando se prepara para la Santa Misa, recitando mentalmente la oración prevista para cada pieza: el amito, el alba, del cíngulo, estola, la casulla. Una vez revestido completamente de los paramentos sagrados recito para finalizar el acto de contrición; porque a pesar de ser imperfecto pecador como todos e indigno del Sagrado Orden Sacerdotal recibido, pueda celebrar el Sacrificio Eucarístico de la Santa Misa en comunión con la Iglesia Universal para la edificación y la salvación del Pueblo de Dios.

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Quien como yo - justamente no elegido ni obispo ni creado cardenal -, vive los misterios de la fe en el sagrado respeto de la sustancia divina e incluso de la de los accidentes externos quienes contribuyen como tales a la misma sustancia es decir los paramentos sagrado, en que modo puede recibir ciertas profanaciones del Cardenal Gianfranco Ravasi?

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El Cardenal Timothy Dolan non planteó ninguna cuestión, por el simple hecho de era presente, posando y sonriendo para las fotos con la diseñadora Donatella Versace

Como es posible, que el cardenal Timothy Dolan, Arzobispo Metropolitano de Nueva York en cuya jurisdicción canónica tuvo lugar este desfile irreverente; no hizo oír su voz expresando desacuerdo, indignación o enviando una nota de protesta a la Santa Sede? Por el simple hecho de que no solamente participó al evento, sino que hizo ironía mas bien digna de un borracho irlandés del siglo XVIII emigrado en las Nuevas Américas para escapar de una colonia penal, afirmando que él mismo había prestado la mitra a la exuberante bailarina:

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«La mitra se la preste yo, me la devolvió esta mañana… fue muy amable. Mis obispos auxiliares me hacían burlas por esta historia; pero yo les he dicho: “¡Eh, ustedes no deben quejarse porque la cantante a cambio de la cortesía se ha ofrecido para hacer algunas confirmaciones”» [ver las declaraciones reportadas AQUÍ]

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Desde hace años y años que inútilmente hablo, escribo y público sobre la gran plaga del homosexualismo dentro de la Iglesia, que como me dijo durante una de nuestras últimas conversaciones poco antes de morir, el Cardenal Carlo Caffara:

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«… este flagelo ha asumido lo en todos sus aspectos son las características de una verdadera epidemia».

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Por mi parte, respondí:

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“Padre Cardenal, como muchas veces he escrito: el problema es tan dramático como por desgracia fuera de control. Estos sujetos dentro de la Iglesia, han creado una grande y potente vestíbulo en grado de posicionar sus hombres y determinar nombramientos y carreras eclesiásticas. Pero sobre todo, de los sacerdotes homosexuales hemos pasado a los obispos homosexuales. Porque los que a finales de los años sesenta e inicio de los años setenta capitaneaban dentro de los seminarios la piadosa cofradía gay, hoy los encontramos como obispos. Y quienes a penas llegan a un puesto clave, lo primero que hacen es rodearse de sus símiles. Y al poco tiempo nos los encontramos a gestionar las diócesis dentro de las curias episcopales, las nunciaturas apostólicas y los mismos dicasterios de la Santa Sede. Los encontramos haciendo de obispos secretarios de la Gobernación de la Ciudad del Vaticano y luego colocados en el Tribunal Supremo de la Signatura Apostólica, donde sin miedo e inamovibles continúan en abastecerse de jovencillos y a proteger e impulsar el consorcio de curas gay en carrera».

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La muestra y sus varios organizadores

Esta potente e imparable vestíbulo, hoy más que nunca sigue indiscutible en la a reproducción de los peores elementos, colocándolos en la sección de asuntos especiales de la Secretaría de Estado o asumiéndolos en el Consejo Pontificio para la nueva evangelización. Todo esto a causa de lo que en el lejano 2011 definí como una especie de imparable «diluvio universal gay que estalló dentro de la Iglesia».

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Tan pronto como en el marzo de 2013 cambió el viento, éstos individuos abandonaron los cordones, los oros, a pagar, los ricos y solemnes paramentos; de la noche a la mañana para cubrirse de pobres y de pobreza. Y a pesar de esto continúan como antes o peor que antes, haciendo deslumbrantes carreras y adquiriendo delicadas posiciones. Incluso si de ellos se ha recogido durante años dosier de noticias por lo menos perturbadoras sobre cualquier sacerdote que debería ser promovido a la dignidad episcopal. Y todos aquello que ayer fueron excluidos del nombramiento episcopal por graves motivos morales, hoy en día se están convirtiendo obispos, uno después de otro. Todos ellos con la cruz de vil hierro sobre el cuello y el pastoral de madera en mano, comprometidos a declarar a cada suspiro que “los pobres son la prioridad de la Iglesia”.

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El buen Cardenal Carlo Caffara me dio razón no una sino mil veces después, ni siquiera un mes, cuando me preparaba para regresar a Bolonia a visitarlo el 18 Septiembre 2017, después de una larga conversación telefónica el 5 Septiembre; al día siguiente al final de la mañana, murió por un ataque al corazón.

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Estaría tentado en decir: mejor así. Muchas otras cosas le fueron evitadasa él como a otros, incluyendo este desfile irreverente durante el cual Donatella Versace, ya un monstruo desfigurado por el abuso de la cirugía plástica, ante la damisela sacrílega del Cardenal Gianfranco Ravasi aparece verdaderamente como un auténtico monumento a la virilidad masculina.

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«Que nadie os engañe de ninguna manera. Primero tiene que venir la apostasía y manifestarse el Hombre impío, el Hijo de perdición, el Adversario que se eleva sobre todo lo que que lleva el nombre de Dios o es objeto de culto, hasta el extremo de sentarse él mismo en el Santuario de Dios y proclamar que él mismo es Dios. ¿No os acordáis que ya os dije esto cuando estuve entre vosotros? Vosotros sabéis qué es lo que ahora le retiene, para que se manifieste en su momento oportuno.Porque el ministerio de la impiedad ya está actuando. Tan sólo con que sea quitado de en medio el que ahora le retiene, entonces se manifestará el Impío, a quien el Señor destruirá con el soplo de su boca, y aniquilará con la Manifestación de su Venida. La venida del Impío estará señalada por el influjo de Satanás, con toda clase de milagros, señales, prodigios engañosos, y todo tipo de maldades que seducirán a los que se han de condenar por no haber aceptado el amor de la verdad que les hubiera salvado. Por eso Dios les envía un poder seductor que les hace creer en la mentira, para que sean condenados todos cuantos no creyeron en la verdad y prefirieron la iniquidad» [II Ts 2, 3-12|.

 

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La Isla de Patmos, 11 Mayonesa 2018

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Federico Fellini, EN SU PELÍCULA DE 1972 “ROMA“, HABÍA LLEGADO MUCHO ANTES

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